
No sé si suceda en otros países del mundo, tampoco sé si es un fenómeno que afecta a todo México. Pero sí estoy claro de lo que veo en los grupos scouts que conozco: hay en el escultismo una tendencia a la endogamia que se manifiesta cuando las personas hablan de "hacer servicio".
Me explico: he escuchado a muchos claneros y exclaneros conversar sobre sus anécdotas de servicio e invariablemente se refieren a cosas que vivieron cuando estuvieron con alguna sección: que si con la manada esto, que si con la tropa aquello; algunos de "ámbito más amplio" relatan sobre sus participaciones en el moot, en el eeas o en actividades de carácter regional o nacional.
No se puede dudar que los scouts dan servicio, pero sí se puede afirmar que en lenguaje cotidiano estar siempre listos para servir se traduce en hacer actividades scouts para scouts. Y no está mal, así se camina hacia el voluntariado dentro del movimiento y se resuelven muchísimos problemas prácticos para las secciones menores y la vida de los grupos. Pero es insuficiente.
El mundo necesita de muchas manos para que podamos dejarlo mejor que como lo encontramos
El siglo XX fue muy complejo. Ante los ojos de las mujeres y de los hombres de todo el mundo fueron quedando claros infinidad de problemas, al tiempo que las ideologías que prometían dignidad para las personas se fueron haciendo pedacitos.
En su segunda mitad comenzaron a surgir lo que hoy se conoce como organizaciones de la sociedad civil (algunos todavía las llaman organizaciones no gubernamentales): la resultante de una paulatina pero clara conciencia de que no es posible depositar totalmente en las manos de los gobiernos la solución de los males que nos aquejan, pues ser ciudadanos implica la corresponsabilidad de gobernar, de crear opciones, de proponer posibilidades y de exigir a las clases políticas el cumplimiento de su deber para que las instituciones del estado estén al servicio de las personas.
Así, han aparecido organizaciones que trabajan por los derechos humanos, por el desarrollo sustentable, por la paz, por la inclusión de las personas con discapacidades que pueden relegarlas de actividades habituales en una sociedad. Y estas instituciones viven de la participación de todos aquellos que quieren dar un poco de sí para que un mundo mejor sea posible.
Participación institucional: un rostro fresco del servicio
Baden Powell desde siempre pensó el escultismo como una escuela de ciudadanía: consta en sus escritos y consta en los principios y la ley scouts. Y a ella habría que llegar de múltiples formas, una de ellas -privilegiada, por cierto- el servicio.
Ayer por la noche veía un documental sobre el terremoto de la ciudad de México, el de 1986. Elena Poniatowska decía que con ese terrible acontecimiento las personas se dieron cuenta que no contaban con su gobierno, sino con las amas de casa y con los "niños exploradores", haciendo referencia al importante papel desempeñado por los scouts en esa y muchas otras tragedias que azotan las regiones del mundo entero.
Participar en situación crítica es la condición más que mínima de corresponsabilidad ciudadana. Pero la construcción de estructuras y acciones que hagan este mundo mejor que como nos ha sido dado, requiere una participación permanente, sencilla pero clara en los distintos frentes que nos presentan desafíos para la vida humana digna.
Y se puede participar de muchas maneras. Una de ellas de gran efectividad es participar a través de las instituciones como las organizaciones de la sociedad civil, las gubernamentales, incluso las religiosas. Y es que lo institucional da cauces y permite cierta permanencia que va más allá de los esfuerzos meramente individuales y sentimentales que cualquiera de nosotros puede hacer sin mayor resultado que una acción esporádica y eventual, en la más pura acepción de la palabra.
La participación institucional es un muy buen nombre para el servicio que demanda la realidad del siglo XXI, pero implica romper la tendencia endogámica, en especial la que impera en muchos grupos scouts.
No es un sueño iluso pensar que con todas las habilidades y conocimientos que desarrolla alguien en su vida scout puede sumarse competentemente al esfuerzo de las instituciones para dejar un mundo mejor. Sería fabuloso escuchar a los ex-scouts compartir las anécdotas de cuando trabajaron con habitat, con greenpeace, con los grupos de vecinos que se estaban organizando para regularizar sus terrenos. Y también lo mucho que se divirtieron cuando jugaron con los lobatos, acamparon con la tropa...
La participación institucional vuelve al escultismo más creíble
He trabajado por 20 años entre universitarios. La inmensa mayoría de ellos no se sienten atraídos por los grupos scouts de la ciudad. A lo mucho un uno por ciento de ellos se acercan al movimiento. Pero la cifra cambia considerablemente si se trata de apoyar otro tipo de organizaciones: al menos un 10 o 15% de estudiantes universitarios se comprometen en algún tipo de labor voluntaria con organizaciones...
Creo que habría más interés por el escultismo si los jóvenes vieran a los caminantes y claneros comprometidos participando institucionalmente en cosas que hoy nos son significativas y que de diversas formas ya he manifestado en este texto: derechos humanos, comercio justo, amnistía internacional...
A mi parecer ese es el sentido de la insignia de participación institucional que contempla el Esquema Nacional de Programa Educativo de la Asociación de Scouts de México y será más fácil vivirlo si comenzamos, por supuesto, desde la manada.